viernes, 28 de julio de 2017

La conquista del migrante aimara en el Perú


Escribe: Germán Alejo | Opinión - 09:10h

Una de las cosas que no se advierte con claridad y tampoco se profundiza en las facultades de sociología, es la migración, término que con frecuencia es relacionado a la salida de los peruanos al exterior; sin embargo, la acepción real de este término también implica la salida de poblaciones del campo a las ciudades.

El premio Nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, en el año 2011, en su artículo “El orden espontáneo”, publicado en el diario El País de España, se refirió a un aimara puneño al que llamó Tiburcio, señalando que llegó a Lima muy joven, con poncho y ojotas, y que sobrevivió vendiendo chupetes por las calles, pero que ahora alquila tiendas y talleres de manufactura por dos millones de dólares al mes.


Vargas Llosa se refería a Antonio Velásquez Oscco, un aimara del distrito de Unicachi (Yunguyo), que a sus 14 años migró a Lima, en 1975, para forjarse un mejor futuro. En la capital sobrevivió dedicándose a varios oficios, logrando consolidarse, a base de esfuerzo y tesón, como un empresario del centro comercial más importante de Latinoamérica: Gamarra.

Antonio es uno de los muchos aimaras que lograron salir adelante, gracias a su trabajo; sin embargo, este hecho, más que contarlo como una experiencia de éxito, hay que verlo sociológica y políticamente.

Moisés Suxo Yapuchura, en su artículo “La etnicidad en la evolución económica de los aimaras de Lima”, señala que el éxito de los migrantes aimaras incluye el componente étnico expresado en la organización asociativa de tipo comunal, e intenta abrir un debate en torno al tema de la etnicidad con relación al modelo económico comunal aimara como alternativa y respuesta frente al sistema económico imperante.

“La migración no es solamente un desplazamiento poblacional. Junto con el proceso migracional, el migrante ‘lleva’ consigo su cultura, aunque esta tienda a modificarse, pero no a desaparecer en la ciudad”, dice Altamirano Rua.

No obstante, si bien esta migración tiene un enfoque económico, hay otras explicaciones al respecto. Particularmente considero que de fondo hay una conquista política basada en las expresiones y valores culturales como la solidaridad y la reciprocidad, pilares de las tradición andina.

Si Manco Capac y Mama Ocllo, conforme a la leyenda, salieron del lago Titicaca para fundar un gran imperio, a las nuevas generaciones les toca escribir una leyenda existencial y completar la conquista del migrante aimara, basada en conceptos de desarrollo totalmente distintos a las que están fracasando y haciéndose inviables en nuestra sociedad contemporánea.

Es preciso señalar que la concreción de la conquista no implica una militancia política en alguna organización que ha conceptuado su modo de pensar, sino la revisión del pensamiento que predomina nuestro desenvolvimiento, y a partir de esa revisión enfocar un propio pensamiento, valorando nuestros principios y valores ancestrales; es decir, se trata de continuar una construcción que ha sido paralizada por la conquista española y la etapa republicana. Aún hay mucho por hacer, a fin de forjar una verdadera nación aimara.


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